sábado, 28 de agosto de 2021

CONVICCIONES, CORAJE E INCONSCIENCIA

Convicciones, Coraje e Inconsciencia Estábamos el grupo de amigos ex compañeros de la secundaria conversando. Hacía ya un tiempo que no nos reuníamos recordando anécdotas graciosas de la adolescencia como era habitual en cada encuentro. Pero ese día, a partir de un comentario que hace Pedro, uno de los muchachos, menciona una palabra que a Juancho le conecta con situaciones pretéritas de su vida y comienza a relatar un par de anécdotas que me resultaron curiosas e interesantes. Pedro nos contaba de un viaje que hizo al norte de España, Asturias y que había disfrutado mucho de una hermosa caminata que hizo por un desfiladero que parte de Santo Adriano de Tuñón, lugar en que se encuentra una antigua parroquia cuya construcción data del año 1110, que luego fue ampliada varias veces en siglos posteriores. Nos contaba que su construcción guarda un estilo prerrománico, etc. Juancho, otro de nuestros compañeros, sintió que la palabra Tuñón obrió en él como un disparador que le llevó a activar memorias de tiempos jóvenes de su vida, que no tenían nada que ver con la iglesia de San Adriano de Tuñón, pero que le activó un recuerdo de algo que sintió ganas de compartir con nosotros. Nos dijo que se trataba de una anécdota que hablaba de él; de cierto modo de moverse en el mundo en aquella época de su vida en la que esa historia tuvo lugar. Valen las asociaciones entonces; Tuñón resultó ser el apellido del Secretario Gremial del Sindicato del Seguro en la época en que Juancho se desempeñaba como Gerente de Personal. Nos decía Juancho que la anécdota tiene que ver con el coraje necesario para asumir los riesgos que implica tomar una decisión. Luego de un breve silencio, como si hablara consigo mismo manifestó: coraje o inconsciencia?. Dijo que pensaba que esto de asumir riesgos es algo que nos cuesta porque es como desafiar a los demonios, que hemos sido "educados para el no coraje, para no tomar riesgos": "no te metas, no des la cara, deja que hablen otros, cuídate, etc." El relato de la situación es el siguiente: se trataba de la primera reunión que tendría Juancho, en su rol de Gerente de Personal con el Sindicato. Llegan a su despacho entonces Tuñón y un "Guarda espalda", tipo "pata de plomo", hombre alto, corpulento y con un gesto en su cara y mirada de malo. Juancho les invita a sentarse. Tuñón se sienta y el otro no, se queda de pié detrás de Tuñón, recostado en un mueble y clavaba sus ojos en Juancho con una mirada intimidatoria. A poco de iniciar la conversación, decía Tuñón que, entre diversos planteos que el Sindicato venía haciendo a la empresa sin tener respuestas satisfactorias, había uno que no podía esperar más, que se trataba de hacer una revisión de las remuneraciones de los compañeros. Que con la empresa las cosas estaban muy mal y esto venía ocurriendo desde hacía ya mucho tiempo. Que si no se les daba una respuesta satisfactoria y urgente, decía Tuñón, sacarían a la gente al patio, harían una asamblea y pararían la empresa. La locación de la empresa era en un edificio antiguo estilo Petit Hotel y el "Patio" era el espacio al que antiguamente entraban los carruajes, lugar que en ese tiempo era utilizado como pequeña playa de estacionamiento para los coches de los cuatro o cinco capos. Frente a ese planteo a Juancho no se le ocurre mejor idea que decirles que el circo intimidatorio que le estaban montando no le inquietaba, pues se trataba de algo conocido por él, ya que unos años antes él había estado "del otro lado del mostrador". Les dijo que había sido Secretario de Organización y Cultura del Sindicato de un gremio y que si querían, fueran a tal dirección, que estaba a pocas cuadras, en la avenida Callao, preguntaran por él y que les podrían informar quien era. Y agregó que con esto les estaba poniendo en sus manos una información que el Director Ejecutivo no tenía, con lo cual ellos podrían hacer lo que quisieran y que luego, seguramente tendrían que conversar con algún otro tipo en lugar de con él. Les dijo que les proponía que ellos le plantearan lo que necesitaran para que sus afiliados los quisieran y él les diría lo que a su entender sería factible hacer y lo que no, pero que ellos podrían sacar a la gente "al patio" todas las veces que quisieran si les parecía el mejor camino. Luego de esto el "pata de plomo" se sentó, la conversación continuó muy amablemente y durante los años que estuvo Juancho allí lograron varios acuerdos y tuvieron siempre una relación muy cordial. En ese período nunca sacaron a la gente "al patio". Nos decía Juancho que él estaba muy consciente del riesgo que tomaba al compartir con Tuñón esa información de sus antecedentes como gremialista, ya que en esa perversa empresa podría haber salido todo mal. Pero salió bien. Me gustó y me resultó interesante la anécdota de Juacho. Fue una reunión de compañeros de la secundaria diferente y recuerdo esta historia porque me llevó a reflexionar y darme cuenta de los diferentes modos en que podemos usar la cuota de poder con que contamos. También pensé mucho sobre la diferencia entre el coraje y la inconsciencia, pues ambas nos pueden llevar a tomar decisiones con diferentes consecuencias. En algún pasaje de su relato Juancho nos dijo que el coraje nos permite analizar y medir los riesgos que tomamos y la inconsciencia en cambio, nos puede llevar a pasar a la acción impulsivamente y caer en situaciones de riesgo no calculado. Recordando y repasando una y otra vez la narración de lo ocurrido, la verdad es que no me doy cuenta si en el caso de Juancho hubo más de coraje? o de inconsciencia?. Él disfrutaba al avanzar en el relato. Mostraba y reconocía que en este modo de encarar y resolver esta y otras situaciones de su vida encontraba un hilo conductor que le producía satisfacción. pregunta que nos hacíamos al escucharlo era, cómo podía jugar con estas antípodas, hacerlo de un modo original y ver que hasta le producía placer?. Evidentemente su proceso asociativo esa noche lo llevó a caminar por otros tramos de su vida profesional y nos contó que en una época anterior había trabajado durante varios años para una empresa automotriz. Había sido Capacitador y Consultor en el área de Manufactura. Mantenía reuniones, coordinaba cursos y talleres, realizaba sesiones de consultoría con todos los niveles de la planta industrial, desde el Director de Fábrica, los Gerentes, los Superintendentes, Encargados, Capataces y Operarios. Evidentemente Juancho no es una persona simple, más bien diría que es un tipo complejo. Compartió con nosotros algunas preguntas que se hacía a sí mismo en aquella época. Se preguntaba por ejemplo, para qué lo contrataban sus empresas clientes?. Supuestamente para lograr mejoras en la productividad; y qué hacía él?, decía con emoción y cierto orgullo que para él en ese tiempo sentía que había logrado el "sueño del pibe". Le pagaban para que él pudiera ayudar a la gente a ampliar su visión, consecuentemente estar mejor, sentirse bien, atender su salud y la de sus familias, armar sus proyectos vitales, cuidarse a sí mismo y a los suyos. Nos decía que su convicción era y seguía siendo, que lo que es bueno para cada una de las personas también terminará siendo bueno para las empresas, ya que partía de la premisa de que las Organizaciones siempre funcionan mejor si la gente se siente bien. Decía que esto era lo que le daba sentido a su trabajo. Relató, entre otras cosas, una escena de un día en que iba caminando por un largo pasillo en la zona de oficinas y ve que a lo lejos venía un Operario. Al acercarse podía reconocerlo como alguien con quien alguna vez había estado en contacto. Cuando ya estaban por cruzarse, el Operario le dice: "vos sos Juancho, no?; sí le respondió él. Siempre me acuerdo de algo que nos dijiste y me quedó marcado: "El cuerpo siempre avisa y nunca miente". Nos contaba con un sentimiento de satisfacción que la empresa automotriz le pagaba para que él pudiera trabajar sobre estos temas de la vida, de la salud, la prevención, en fin, ayudando a que la gente se cuidara, ganara protagonismo en sus vidas y se sintiera bien. Sentía que era legítimo hacer lo que hacía y aún cuando reconocía cierta veta transgresora, nos decía que para él era importante tener claro en qué punto estaban los límites que le marcaban si lo que hacía estaba reñido o no con sus propios valores y cuando se trataba de hacer las cosas de un modo diferente y mejor de lo rutinariamente establecido. Agregó que siempre para poder hacer contribuciones creativas hay que poder desafiar y transgredir cierto orden establecido. Qué tipo!, esta faceta no se la conocíamos. Pero luego, ya en otro momento, fuera de la reunión de amigos, haciendo una mirada retrospectiva yo podía reconocer que algo de esto había sido una constante en su vida. Decía Juancho que este recuerdo le surgió espontánea y curiosamente en este encuentro por el disparador de la palabra Tuñón, que lo conectó con la primera anécdota relatada y luego tuvo asociaciones que lo llevaron por otros caminos placenteros de su experiencia, que han formado parte de su vida y que lo conectan con cosas que pudo hacer con gran satisfacción. Recuerdo este encuentro de amigos como uno diferente a los que habían sido otros anteriores, en los que los temas de conversación giraban de un modo predominante sobre los recuerdos de las travesuras realizadas en nuestra adolescente vida de estudiantes de la secundaria. En este caso Juancho puso "sus tripas" en estos relatos vívidos de su experiencia de vida profesional y compartió con nosotros las huellas que fue dejando en su camino por el mundo del trabajo y las que su trayectoria había dejado en él. Eduardo Larriera 28 10 2020

viernes, 13 de abril de 2018

viernes, 15 de diciembre de 2017

50

Publicaciones Semanales Breves 50     -     15 12 
2017
Regalémonos salud en estas fiestas

Uno siempre tiene algún amigo al que le pasan cosas.

En este caso se trata de alguien que desde hace ya un buen tiempo no logra disfrutar de su vida con su pareja; suelen generarse discusiones, muchas veces por cuestiones banales, pero que van dejando un creciente sabor amargo y lesionando el vínculo.

Luego de cada desencuentro, por decirlo de un modo suave, ambos quedan resentidos, con un importante malestar, que suele prolongarse por un día o más.

Como ya hemos tratado anteriormente esta temática de las situaciones conflictivas, sabemos que, en la gran mayoría de los casos, las personas discuten e incluso pelean, pero no es tanto por el tema en discusión, sino por algo más subterráneo:

·         Quien es quien tiene la razón,
·         Quien sabe más
·         Quien gana
·         Quien manda, etc.

 No se trata de que la pareja se interne en una de las llamadas "terapias de pareja", en realidad el problema está más centrado en la configuración del aparato psíquico y emocional de cada uno, por lo que una "terapia de pareja" aportaría poco.

En situaciones como ésta, el pronóstico de tal intervención no sería el mejor, pues lo que habitualmente termina ocurriendo en casos como éste, es que las intervenciones pueden estar bien pensadas terapéuticamente para un abordaje individual, pero que al ser colocadas en presencia del otro, lejos de ayudar, pueden entorpecer más las cosas.

Es como si se realizara un proceso terapéutico, que sabemos debe ser llevado a cabo en condiciones de privacidad, al desarrollarse en presencia del otro, que es además, con quien tengo el conflicto abierto, empeora las cosas en lugar de mejorarlas.

Si ésta fuera la condición, con frecuencia esta intervención agrava las cosas más que ayudar a clarificar las causas posibles y los destinos buscados por cada uno en los enfrentamientos.

La recomendación entonces gira en torno a que cada uno realice su propio trabajo terapéutico en un proceso personal, en forma individual, para ampliar el conocimiento de sí mismo, de modo que le permita ser consciente del accionar de los propios resortes internos.

Darse cuenta por ejemplo del destino de sus intervenciones cuando por ejemplo, frente a situaciones en las que le resulta difícil hacer propuestas o brindar respuestas positivas y constructivas, espontáneamente manifiesta propuestas negativas o destructivas.

Y si luego de haber revisado y logrado cierta consciencia sobre su propio accionar las cosas en lo vincular siguieran por mal camino, quizás podría ser ese un momento para ser ayudados a escuchar intervenciones centradas en la mejora de la dimensión vincular, ya no en lo personal.

Desde el comienzo de nuestras publicaciones hemos hablado de la importancia de la percepción y nos hemos referido también al papel que juegan nuestros supuestos psicológicos como fuerzas que accionan en contra de la calidad de la percepción.

Ser conscientes de nuestros supuestos, preconceptos, prejuicios será muy saludable para comprender cómo nos condicionan en nuestras acciones

Hacemos mención a modo de ejemplo de algunas indicaciones simples y de sentido común, que pueden ayudar a darse cuenta de en qué situación se encuentra uno mismo con vistas a poder imaginar el destino de la relación; por ejemplo:

·         La observación de la recurrencia de las temáticas que generan conflicto,
·         La duración de los tiempos de enfado,
·         Cómo y en qué termina cada desencuentro,
·         La cantidad de días en que se encuentran bien y que están mal,
·         La tendencia de la situación: va para mejor o para peor,

En fin, son simplemente algunos indicadores que dan cuenta del estado de la relación y del destino posible. Poder percibir con claridad su evolución puede ayudar.

La idea es que la observación de alguno de estos indicadores, entre otros, pueda ayudar a recurrir a tiempo a la búsqueda de un proceso de asistencia antes de que el deterioro del vínculo pase el límite del que ya no habrá retorno.

Lo compartido en este escrito no es exclusivo de los vínculos de pareja, pues como ya hemos dicho, para resolver estas cuestiones internas no hay pastillas ni vacunas; lo único que podemos hacer es trabajar sobre nosotros mismos, en un proceso de auto percepción y reflexión que nos ayude a estar cada día en condiciones más saludables.

Toda situación de ansiedad, de angustia, de enojo, de inseguridad, de pérdida del humor, de miedo, de rabia, etc. afecta nuestra salud.


Tengamos esta alerta a la vista como regalo para estas fiestas navideñas. 



jueves, 23 de noviembre de 2017

49

Publicaciones Semanales Breves 49     -     23 11 2017
Otra "Vuelta de tuerca"
(continuación)

Desde niños hemos ido escuchando a nuestros mayores, especialmente padre, madre y personas que han sido referentes importantes en nuestras vidas, en sus apreciaciones sobre diversas cuestiones que resultaban de nuestro interés.

Su singular modo de percibir y conceptualizar ciertos fenómenos de la vida, se han ido  manifestando en forma de opiniones y puntos de vista que fueron acuñando un molde, una matriz, que tuvo su importancia en la formación de nuestras ideas, nuestras creencias y convicciones.

Algo de esto ha tenido su influencia en el modo en que hemos ido configurando nuestro proceso perceptivo, con sus particulares filtros que nos han llevado a poner en foco ciertos aspectos de lo que percibimos y dejar de lado otros.

Pero como las diferentes personas hemos estado expuestas a diversos modelos formativos, finalmente nuestros aparato psíquico, nuestro ("window"), se ha configurado de maneras diferentes, lo que explica, en parte, la singularidad que nos caracteriza a la vez que nos diferencia a los unos y los otros.

Podríamos pensar entonces que "estamos fritos", que no podremos cambiar; como que estas experiencias han dejado en cada uno estigmas que no se pueden modificar y de este modo, estaríamos condenados al no cambio.

Si se tratara de aspectos que nos generan malestar, esta concepción de la condena al no cambio nos estaría instalando en estados de sufrimiento de los cuales no podríamos salir.

Afortunadamente las personas tenemos la posibilidad de crecer y desarrollarnos, de modo que nos podremos ir despegando de ciertas afirmaciones escuchadas pretéritamente, que funcionaron como una suerte de dogmas y nos limitaron en nuestra capacidad de desarrollar nuestra visión, nuestra inteligencia e ir creando nuestra propia cosmovisión, lo que nos permitirá autoafirmarnos como personas autónomas.

Estoy intentando mostrar un camino que si lo transitamos, nos llevará a alcanzar niveles de madurez que nos permitan asumir de un modo creciente cuotas de autonomía, gracias a lo cual ganaremos protagonismo en la conducción de nuestra vida.

En ocasiones este despegarse de lo recibido para poder afirmarse en lo propio se desarrolla autónomamente, como producto de un proceso de evolución personal y si ello no ocurriera, en algún momento, inevitablemente dará cuenta de malestar, insatisfacción, con sus consecuentes síntomas y estados de ánimo.

Pues estar asentado en lo propio, en las propias convicciones, producto de una manera única y personal de mirar la vida y el mundo, siempre nos llevará a desarrollar nuestro talento y acrecentar nuestro buen humor, que como hemos dicho en artículos anteriores, no es otra cosa que una de las más importantes reservas de salud que tenemos las personas.

El no lograrlo es como vivir dentro de un otro, no en uno mismo, lo cual nunca nos podrá llevar a un estado de bienestar, de satisfacción y de felicidad.

Estemos atentos entonces para poder percibir tempranamente, si algo de esto nos ocurre, pues cuanto antes logremos ser acompañados y ayudados profesionalmente a superar estos estados, nos permitirá ganar salud.

En última instancia, estamos hablando de lo que podemos hacer para "hacernos la vida más fácil.
  

miércoles, 25 de octubre de 2017

48

Publicaciones Semanales Breves   48     -     22 10 2017


Otra "Vuelta de tuerca"
Hace ya un tiempo, en nuestra primera publicación hemos hablado sobre la importancia de la percepción y dijimos que "todo se inicia con la percepción" y si hay algo que no percibimos como problema, sobre eso no podremos hacer nada para solucionarlo.

Lo dicho está bien dicho, pero no es suficiente si nos planteamos la pregunta de por qué tenemos limitaciones en nuestro sistema perceptivo.

Los supuestos psicológicos desde los que partimos producen un filtro en nuestro sistema perceptivo, de modo que no todo lo que podríamos ver lo podremos ver.

Un jefe planteaba cierta vez que "a la gente no le gusta trabajar".

En su oficina tenía los escritorios dispuestos de tal manera que él en todo momento podía observar a sus colaboradores, pues por esta convicción llegaba a la conclusión de que "a la gente hay que controlarla de cerca para que trabaje, pues si pudieran no trabajar, no trabajarían; trabajan porque no les queda más remedio". Ese era su supuesto, su pre juicio.

Este supuesto psicológico del que partía, evidentemente condicionaba su percepción y por consiguiente su accionar.

En algún momento del día por la natural acumulación de líquidos necesitaba salir de la oficina por unos 3 o 4 minutos y al regresar del baño confirmaba su teoría; "salgo por unos pocos minutos y la gente deja de trabajar, es evidente que no quieren trabajar" y en su percepción no tenía lugar la posibilidad de que el breve descanso no era tanto por la tarea como por su propia presencia.

De tal manera que su supuesto psicológico, o su pre concepto, si prefieren llamarlo así, condicionaba su capacidad para comprender la existencia de otras variables, que para él, habían quedado debajo de ciertos puntos ciegos.

Otro jefe podría partir de otro supuesto, pre concepto: "No es que a la gente no le gusta trabajar, sino que no le gusta trabajar en lo que no le gusta", por lo que la tarea de este jefe entonces no sería tanto la de controlar, como la de observar qué innovación, qué cambios, qué rotación se podría ensayar para lograr una mejora en la satisfacción en el trabajo de sus colaboradores y el consecuente desempeño..

En cualquier conversación podremos observar que cada uno plantea su posición o sus propuestas desde sus pre conceptos, no percibiendo que el interlocutor también tiene los suyos, por lo que a poco de andar ambos intentan convencer al otro de su propio punto de vista como el más acertado y valioso.

Inevitablemente ocurre que nadie convence a nadie; lo que sí podemos es ayudar al interlocutor a ampliar su visión y superar los puntos ciegos que le impiden comprender, en mayor amplitud y profundidad, el peso de las variables en juego.

Si en la conversación ocurre que ambos aportan datos y evidencias con las que se ayudan mutuamente a ampliar la visión, es probable, aunque nunca es seguro, que amplíen ambos su inteligencia como para hallar una solución superadora de la situación que tienen entre manos.

Si no logran darse cuenta de cómo su percepción y comprensión es afectada por sus supuestos, sus pre conceptos o pre juicios, en vez de lograr soluciones, abonarán el terreno para la creciente siembra de conflictos.

Para una próxima publicación nos queda pendiente avanzar en la comprensión de cómo se van gestando en cada uno de nosotros estos supuestos, estos prejuicios.

Hasta la próxima entonces.



lunes, 9 de octubre de 2017

47

Publicaciones Semanales Breves 47     -     07 10 2017


 
SALUD Y STRESS  -  Trabajar sobre Uno Mismo Mejora el Stress (Continuación)


Ansiedad y angustia

Dando continuidad al artículo anterior (46), digamos que la  ansiedad es un signo de debilidad, es un indicador de falta de centramiento en lo propio, en uno mismo.

Como hemos tratado en el artículo anterior (45), sin duda es un signo de fortaleza la capacidad de ataque que una persona posee. Además son indicadores de fortaleza la capacidad de eludir o esquivar y también la paciencia. Esta última como sinónimo de la fortaleza que se experimenta cuando uno siente que puede esperar pacientemente el desarrollo natural de los acontecimientos esperados o planificados, porque sabe que el curso de acción trazado es correcto.

Por lo tanto si la paciencia es signo de fortaleza, la impaciencia lo será de debilidad. Y la impaciencia se manifiesta en estados de ansiedad. Es la dificultad para permanecer pacientes. Es el estado de “nerviosismo” que nos indica que estamos dubitativos, temerosos o inseguros. Pero no existe todavía un compromiso corporal, ya que todo este proceso se desarrolla en un plano mental y genera una manifestación emocional, que habitualmente es transitoria.

La angustia en cambio ya es corporal, compromete una zona u órgano de nuestro cuerpo y si establecemos un circuito vicioso, sobre esa zona u órgano se instalará el síntoma primero y luego la enfermedad.

Es como si se tratara de un caudal energético que no logra encontrar un canal adecuado para circular e impulsar las ideas y pensamientos resolutivos.

Si pudiéramos facilitarle un camino posible de circulación a dicha energía, ésta se transformaría en el elemento motorizante y potenciador del cambio. Una de las formas en que podemos facilitar ese cambio es trabajando en la búsqueda de cómo llevar a cabo las acciones íntimamente ligadas a nuestros deseos.

Seguramente aquella energía que estaba produciéndonos la angustia pasa a impulsar las ideas que nos facilitarán el camino hacia la satisfacción de nuestros deseos hoy insatisfechos. Es natural entonces que cuando iniciamos este trabajo y comenzamos a visualizar el proyecto como algo factible, la angustia comience a ceder.

El trabajo sobre uno mismo y la salud

El trabajo sobre uno mismo y sobre el propio proyecto significa tomar un rol activo frente a las dificultades y frente a los deseos, saliendo así de la pasividad “quejosa” que tanto nos debilita y enferma. Es importante subrayar que se trata de una manera de activar los propios recursos para generar acciones pro-activas y auto-curativas.

Como adultos ya sabemos que nada resulta gratuito en la vida y como ya dijimos todo tiene su costo. Quizás nuestra libertad radique en elegir en qué “moneda” pagaremos cuando nos conectamos con nuestros inquietantes deseos.

En algunos casos será afrontando el cambio y en otros, tal vez, haciéndonos cargo de nuestras propias limitaciones y teniendo que aceptar el precio del no cambio renunciando a él.

Los estados de ansiedad que con frecuencia se generan al atravesar este proceso, limitan nuestra capacidad para establecer prioridades, tolerar los tiempos de espera de cada paso o visualizar anticipadamente soluciones ante las dificultades.

Una conclusión

Destacamos la importancia de desarrollar permanentemente nuestra capacidad auto-perceptiva, ya que los datos diagnósticos que obtendremos nos permitirán trabajar sobre nuestra ansiedad e impaciencia, rescatando la fortaleza con que contamos, que será necesaria para crear alternativas de salida, creando nuevos caminos.

Así es que los tiempos interiores de estos procesos de cambio no siempre irán de la mano de los rápidos tiempos industriales. Nuestro reloj interno es más lento.

A mayor compromiso afectivo, más lentos serán los procesos de cambio porque más comprometidos estaremos atendiendo a una mayor cantidad de variables. En realidad, es bueno que esto sea así, porque el contar con ese tiempo de elaboración interna, nos preserva de desestabilizarnos.


Soportar con paciencia el tiempo que requieren estos cambios es templar nuestra fortaleza y nos permite diferenciar los actos espontáneos de los impulsivos.


46

Publicaciones Semanales Breves 46     -     29 09 2017

 
SALUD Y STRESS  -  Trabajar sobre Uno Mismo Mejora el Stress


Cuando fuimos niños nuestros padres guiaban nuestro desarrollo. Ellos eligieron por y para nosotros, establecieron prioridades, decidieron sobre lo bueno y lo malo, lo que debíamos emprender, lo que deberíamos esperar e incluso, sobre aquello que no sería para nosotros.

Luego, con el crecimiento, al convertirnos en personas “más mayores”, más autónomas; desarrollamos el sentido de responsabilidad que nos llevó a hacernos cargo de nuestras decisiones y el consiguiente resultado en términos de crecimiento personal y profesional.

En nuestro camino, con frecuencia hemos tenido que atravesar situaciones difíciles, experimentando así dificultades para hacernos cargo de nuestras propias decisiones.

Así hace su aparición entonces la queja. En infinidad de situaciones oímos a la gente quejarse por “lo que no pudo alcanzar”, “por la mala suerte”, etc. Sepamos que cuando quedamos atrapados en la queja nos paralizamos y perdemos nuestra potencia creadora.

El circuito que se produce es el siguiente: Al quejarnos producimos un breve alivio por la descarga que realizamos. Pero tengamos presente que este alivio va acompañado de algunos elementos tóxicos, que podemos identificar, por ejemplo, en cierto sabor amargo, acidez estomacal, desgano, “nerviosismo” u otros síntomas que se localizarán en alguna parte del cuerpo.

En realidad lo que trata de hacer nuestro organismo con ello es avisarnos que algo no está funcionando bien. Pero nuestro sistema perceptivo no siempre registra e interpreta esos mensajes como avisos que dan cuenta de algún estado de insatisfacción.

Mecanismos de Regulación

La naturaleza nos ha dotado de inteligentes sistemas de alarma y auto-regulación mediante los cuales podemos restablecer el equilibrio cuando éste se ha alterado. Así cumplen con su cometido de preservar la salud.

La sensación de cansancio, los trastornos en el sueño, la irritabilidad, las contracturas musculares y muchos otros síntomas constituyen las señales de ¡Cuidado!, ¡Despacio!, ¡Pare!. Y muchas veces desafiamos a estos sistemas pretendiendo no escucharlos.

Son mecanismos de auto-cuidado que cuando no los registramos, cuando nos tornamos “sordos” a tales mensajes y se mantienen a lo largo del tiempo, terminan enfermándonos, con síntomas aislados primero, luego con su instalación definitiva y más tarde con la estructuración de la enfermedad.

Resulta sorprendente ver como al hacer las cosas en oposición con nuestros propios deseos, podemos llegar a generar una úlcera gástrica, un trastorno cardiovascular, insomnio, dolores de cabeza intensos e incluso un cáncer.

El sentimiento de inseguridad y sus consecuentes temores, o la sensación de impotencia que sentimos frente a la percepción de cambios que serías bueno encarar o tomar nuevos desafíos, nos llevan a desarrollar una “ceguera” que nos impide valorar la dolencia e interpretar su mensaje para comprender profundamente lo que nos está ocurriendo y pensar en qué debemos hacer para modificar la tendencia de la situación.

Darse Cuenta

Es probable (y deseable) que en algún momento nos preguntemos ¿para qué desarrollamos esta “sordera/ceguera”, cual será el beneficio secundario, para qué podrá resultarnos útil?

Este interrogante suele surgir natural y espontáneamente en uno mismo, o lo que es más frecuente, en el marco de una situación de encuentro afectivo, de respeto y cuidado mutuo, en situaciones vinculares saludables y obviamente, también en el contexto de una buena psicoterapia.

La vida es generosa y siempre se nos presentará la oportunidad de encontrarnos en alguna situación en que nos conectaremos con esta reflexión. Esto no es algo que ocurra por casualidad. Es un momento de “despertar”, de apertura. También lo es de crisis y genera inseguridad, temores. Con frecuencia, hasta un incremento pasajero de la dolencia.

Si nos conectamos con nuestro sufrimiento, su percepción será el inicio de un camino hacia la apertura de nuestra conciencia.

Cuando se ha iniciado este proceso de darnos cuenta, resulta imposible el regreso a estadios anteriores. Cualquier intento de calmar nuestras propias ansiedades pretendiendo no mirar lo que se nos ha revelado, será sólo un intento fallido de convencernos a nosotros mismos de algo que no nos resultará ya creíble.

En este punto el sentimiento de soledad se hace más grande e intenso y muchas veces va acompañado de fantasías que nos hablan de que no podremos cambiar.

Resulta claro entonces que hay cosas en nuestras vidas sobre las que nadie más que nosotros mismos puede hacer algo para modificarlas. En el mejor de los casos, alguien puede acompañarnos, pero no podrá hacer por nosotros lo que no podamos hacer nosotros mismos. Nos conectamos así con nuestra propia responsabilidad de decidir.

Hacernos cargo

Desde esta conciencia de soledad adulta ya no podremos pretender responsabilizar a nadie por nuestros propios desaciertos. Quedamos confrontados con nuestras capacidades y limitaciones. Será difícil sostener frente a nosotros mismos aseveraciones tales como que “decidimos mal por culpa de...” Es el momento de hacernos cargo de nuestra responsabilidad por aquello que sí podemos y por lo que está fuera de nuestra posibilidad realizar.

Entonces:
¿Qué posibilidades tenemos?,
¿Qué permisos nos damos?,
¿Con qué recursos contamos como para encontrar alternativas que nos permitan sortear las dificultades y afrontar el cambio?

¿Hasta dónde estamos comprometidos con nosotros mismos para hacer lugar a aquellos anhelos que, quizás han esperado tanto tiempo para convertirse en deseos?

¿Qué nos dicen nuestras convicciones personales acerca de si debemos, si podremos, e incluso si nos merecemos hacer lugar a nuestros deseos?

¿Somos conscientes que si queremos ganar protagonismo en nuestras vidas esto tendrá un precio que será el precio del cambio, que habrá que cotejarlo con el precio del no cambio?, pues permanecer en la situación en que estamos no resulta gratis una vez que se instaló el deseo de cambiar. ¿Estamos en condiciones de afrontar ese costo?

Cuando llegamos a este planteo es un signo claro de que cada vez queda menos espacio para los “juegos psicológicos” conque nos hemos venido distrayendo, en procura de evitar hacernos cargo del costo de asumir los riesgos por transitar el camino del cambio necesario.

Si esta descripción nos resulta conocida es porque alguna vez hemos atravesado momentos similares o porque hoy mismo estamos inmersos en uno de ellos y reconocemos entonces lo que es un estado de ansiedad o de angustia.