sábado, 28 de agosto de 2021

HUBO MUCHAS VECES

Hubo muchas veces... Los cuentos muchas veces comienzan con...Había una vez..., pero en este caso, hubo muchas veces... un señor llamado René, hombre joven y bien agraciado, tipo 35 años o por ahí, de profesión decorador, exitoso en su trabajo, hijo de una familia tipo, padre, madre y un hermano, novia y amigos. René tenía frecuentes encuentros semanales con diferentes damas, que ante su invitación de "auto a auto", o en la calle o mirando alguna vidriera; él se acercaba a la bella dama, lograba rápidamente su aceptación a conversar, tomar algo y habitualmente dentro de la o las horas siguientes ya estaban en el hotel. Evidentemente tenía un muy buen ojo clínico. Este modo de estar en el mundo le permitía tener efímeros momentos de placer pero que simultáneamente le producían un gran malestar, pues le decía a su analista que sufría mucho, pues "mire lo que le estoy haciendo a mi novia". Se refería al daño que le hacía a ella sin tomar conciencia del daño que se podría estar haciendo a sí mismo. Un día, como tantos otros, observa en la calle a una mujer de la que se siente muy atraído; despliega todas sus habilidades de seducción y una vez más, (por eso al comienzo decíamos que hubo muchas veces), logra su cometido. Y ocurre lo impensado, que marca un antes y un después en esta práctica de "conquistador compulsivo?", "Sentí que estaba frente esa hermosa mujer, sensual, con un cuerpo escultural con la que me sentí muy atraído." Instalados ya en el hotel comienza a sentir que nunca había experimentado un placer igual al ser besado, esos labios, esos besos eran para él únicos. Nunca había sido besado de esa manera. El encuentro sigue su curso, pasan de los besos a las caricias y ya en ese tramo descubre que no estaba con una mujer, sino con un hombre. Experimenta una gran conmoción, -que proviene del latín, commotio, un movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo-, que en este caso fue del ánimo y del cuerpo. Pasado ese momento el encuentro siguió adelante, no solo en el tiempo de estancia en el hotel, sino en el gran tiempo, que va mucho más allá del turno de dos horas. Comienza así una relación amorosa que se extiende en el tiempo y se enamora de esta persona en el marco de un amor correspondido. Contemporáneamente, René pasó de ser consultante a ser paciente en su espacio terapéutico, gracias a la paciencia lograda, que le permitió profundizar en su buceo interior y descubrir sus propias verdades. En realidad es el objetivo último de un proceso de análisis bien llevado, acompañar al paciente a descubrir sus propias verdades, que en este caso se trataba de descubrir su homosexualidad. La finalidad de la compulsión que padecía le impedía contactarse con esta verdad que lo habitaba. He leído en alguna oportunidad que los analistas trabajan en función de hipótesis que se van planteando, algunas de las cuales se van confirmando, otras se van refutando y ello es lo que les indica el norte de la brújula que los guía. También he sido informado de la importancia de la neutralidad del analista, ya que no es quien juzga ni critica, ni quien decide sobre la vida del paciente, sino que lo acompaña en una búsqueda certera. René experimentaba un sincero agradecimiento a sí mismo por su coraje y a su analista, también por su coraje, por ser buena persona, leal a sus convicciones y sus valores, por su paciencia y calidez y por haberlo acompañado en esta búsqueda interior, que le permitió lograr estados de felicidad superadores de los efímeros momentos de goce. Eduardo Larriera 20 07 2020

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