lunes, 9 de octubre de 2017

46

Publicaciones Semanales Breves 46     -     29 09 2017

 
SALUD Y STRESS  -  Trabajar sobre Uno Mismo Mejora el Stress


Cuando fuimos niños nuestros padres guiaban nuestro desarrollo. Ellos eligieron por y para nosotros, establecieron prioridades, decidieron sobre lo bueno y lo malo, lo que debíamos emprender, lo que deberíamos esperar e incluso, sobre aquello que no sería para nosotros.

Luego, con el crecimiento, al convertirnos en personas “más mayores”, más autónomas; desarrollamos el sentido de responsabilidad que nos llevó a hacernos cargo de nuestras decisiones y el consiguiente resultado en términos de crecimiento personal y profesional.

En nuestro camino, con frecuencia hemos tenido que atravesar situaciones difíciles, experimentando así dificultades para hacernos cargo de nuestras propias decisiones.

Así hace su aparición entonces la queja. En infinidad de situaciones oímos a la gente quejarse por “lo que no pudo alcanzar”, “por la mala suerte”, etc. Sepamos que cuando quedamos atrapados en la queja nos paralizamos y perdemos nuestra potencia creadora.

El circuito que se produce es el siguiente: Al quejarnos producimos un breve alivio por la descarga que realizamos. Pero tengamos presente que este alivio va acompañado de algunos elementos tóxicos, que podemos identificar, por ejemplo, en cierto sabor amargo, acidez estomacal, desgano, “nerviosismo” u otros síntomas que se localizarán en alguna parte del cuerpo.

En realidad lo que trata de hacer nuestro organismo con ello es avisarnos que algo no está funcionando bien. Pero nuestro sistema perceptivo no siempre registra e interpreta esos mensajes como avisos que dan cuenta de algún estado de insatisfacción.

Mecanismos de Regulación

La naturaleza nos ha dotado de inteligentes sistemas de alarma y auto-regulación mediante los cuales podemos restablecer el equilibrio cuando éste se ha alterado. Así cumplen con su cometido de preservar la salud.

La sensación de cansancio, los trastornos en el sueño, la irritabilidad, las contracturas musculares y muchos otros síntomas constituyen las señales de ¡Cuidado!, ¡Despacio!, ¡Pare!. Y muchas veces desafiamos a estos sistemas pretendiendo no escucharlos.

Son mecanismos de auto-cuidado que cuando no los registramos, cuando nos tornamos “sordos” a tales mensajes y se mantienen a lo largo del tiempo, terminan enfermándonos, con síntomas aislados primero, luego con su instalación definitiva y más tarde con la estructuración de la enfermedad.

Resulta sorprendente ver como al hacer las cosas en oposición con nuestros propios deseos, podemos llegar a generar una úlcera gástrica, un trastorno cardiovascular, insomnio, dolores de cabeza intensos e incluso un cáncer.

El sentimiento de inseguridad y sus consecuentes temores, o la sensación de impotencia que sentimos frente a la percepción de cambios que serías bueno encarar o tomar nuevos desafíos, nos llevan a desarrollar una “ceguera” que nos impide valorar la dolencia e interpretar su mensaje para comprender profundamente lo que nos está ocurriendo y pensar en qué debemos hacer para modificar la tendencia de la situación.

Darse Cuenta

Es probable (y deseable) que en algún momento nos preguntemos ¿para qué desarrollamos esta “sordera/ceguera”, cual será el beneficio secundario, para qué podrá resultarnos útil?

Este interrogante suele surgir natural y espontáneamente en uno mismo, o lo que es más frecuente, en el marco de una situación de encuentro afectivo, de respeto y cuidado mutuo, en situaciones vinculares saludables y obviamente, también en el contexto de una buena psicoterapia.

La vida es generosa y siempre se nos presentará la oportunidad de encontrarnos en alguna situación en que nos conectaremos con esta reflexión. Esto no es algo que ocurra por casualidad. Es un momento de “despertar”, de apertura. También lo es de crisis y genera inseguridad, temores. Con frecuencia, hasta un incremento pasajero de la dolencia.

Si nos conectamos con nuestro sufrimiento, su percepción será el inicio de un camino hacia la apertura de nuestra conciencia.

Cuando se ha iniciado este proceso de darnos cuenta, resulta imposible el regreso a estadios anteriores. Cualquier intento de calmar nuestras propias ansiedades pretendiendo no mirar lo que se nos ha revelado, será sólo un intento fallido de convencernos a nosotros mismos de algo que no nos resultará ya creíble.

En este punto el sentimiento de soledad se hace más grande e intenso y muchas veces va acompañado de fantasías que nos hablan de que no podremos cambiar.

Resulta claro entonces que hay cosas en nuestras vidas sobre las que nadie más que nosotros mismos puede hacer algo para modificarlas. En el mejor de los casos, alguien puede acompañarnos, pero no podrá hacer por nosotros lo que no podamos hacer nosotros mismos. Nos conectamos así con nuestra propia responsabilidad de decidir.

Hacernos cargo

Desde esta conciencia de soledad adulta ya no podremos pretender responsabilizar a nadie por nuestros propios desaciertos. Quedamos confrontados con nuestras capacidades y limitaciones. Será difícil sostener frente a nosotros mismos aseveraciones tales como que “decidimos mal por culpa de...” Es el momento de hacernos cargo de nuestra responsabilidad por aquello que sí podemos y por lo que está fuera de nuestra posibilidad realizar.

Entonces:
¿Qué posibilidades tenemos?,
¿Qué permisos nos damos?,
¿Con qué recursos contamos como para encontrar alternativas que nos permitan sortear las dificultades y afrontar el cambio?

¿Hasta dónde estamos comprometidos con nosotros mismos para hacer lugar a aquellos anhelos que, quizás han esperado tanto tiempo para convertirse en deseos?

¿Qué nos dicen nuestras convicciones personales acerca de si debemos, si podremos, e incluso si nos merecemos hacer lugar a nuestros deseos?

¿Somos conscientes que si queremos ganar protagonismo en nuestras vidas esto tendrá un precio que será el precio del cambio, que habrá que cotejarlo con el precio del no cambio?, pues permanecer en la situación en que estamos no resulta gratis una vez que se instaló el deseo de cambiar. ¿Estamos en condiciones de afrontar ese costo?

Cuando llegamos a este planteo es un signo claro de que cada vez queda menos espacio para los “juegos psicológicos” conque nos hemos venido distrayendo, en procura de evitar hacernos cargo del costo de asumir los riesgos por transitar el camino del cambio necesario.

Si esta descripción nos resulta conocida es porque alguna vez hemos atravesado momentos similares o porque hoy mismo estamos inmersos en uno de ellos y reconocemos entonces lo que es un estado de ansiedad o de angustia.



sábado, 23 de septiembre de 2017

45

Publicaciones Semanales Breves 45     -     21 09 2017
La Confianza, el Control y la Ansiedad (continuación)

Quiero compartir una mirada desde otro ángulo al tema de La confianza, el Control y la Ansiedad.
Continuando con la reflexión de la publicación anterior, en la que nos hemos referido a la relación que existe entre la confianza y la necesidad de control, procuraremos avanzar en la comprensión de la aparición del síntoma - incremento de la ansiedad - que se manifiesta cuando no logramos confiar en algo y no percibimos la inutilidad de nuestros esfuerzos para insistir en ejercer control.
Nos hemos referido en artículos anteriores a la estructura de nuestro psiquismo que determina el modo singular en que nos movemos y nos manifestamos a lo largo de nuestra vida.
 Y planteamos que a través de nuestras experiencias vividas desde que llegamos al mundo, fuimos dando una especial y única configuración a nuestro sistema de respuestas que está registrado en nuestro nivel inconsciente y tal configuración es la que da origen al modo en que nos movemos. Para facilitar su comprensión hemos utilizado como metáfora "nuestro window".
Una pregunta que podemos hacernos es, cómo hacemos para modificar algo de esa estructura, que es el lugar en el que se origina nuestra conducta y las respuestas que damos ante situaciones que nos resultan difíciles de resolver y que son en consecuencia, productoras de tensión, por lo que afectan nuestra salud.
Una psicoterapia ayuda a generar cambios y favorece el desarrollo de acciones y respuestas más saludables.
Para ilustrar como opera una psicoterapia, podemos considerar lo siguiente:
Un indicador de Fortaleza es la capacidad de Atacar, tanto físicamente, como verbalmente.
Pero no todas las personas tienen su fortaleza en la capacidad de Atacar; hay quienes la tienen en su capacidad de Esquivar, también, física o verbalmente.
Hace muchos años tuvimos un boxeador argentino que fue campeón mundial, pero su fortaleza no estaba en su capacidad de atacar sino en esquivar. Fue Nicolino Locche.
Durante quince rounds de 3 minutos cada uno, su contrincante no podía asentarla una trompada, pues era una especie de bailarín en el ring y esquivaba prácticamente todos los golpes.
Nunca ganó un pelea por knockout, pues su fortaleza estaba en su capacidad de Esquivar y no de pegar.
Finalmente tenemos la Paciencia, como indicador por excelencia de fortaleza. No me estoy refiriendo al concepto vulgar de paciencia, tipo, "paciencia macho, te han jodido...", acompañadas estas palabras de una palmada en el hombro.
Hablo de la Paciencia como virtud, como la capacidad de esperar el desarrollo natural de los acontecimientos, sin ponernos ansiosos, al saber que lo que está ocurriendo es lo que sabemos que debe ocurrir y eso lleva un tiempo.
El saberlo nos brinda la fortaleza que permite esperar pacientemente que transcurra el tiempo necesario para que tales acontecimientos tengan lugar y al saber que eso es lo que muy probablemente va a ocurrir no me pondré ansioso, sino que podrá esperar que ocurra lo que tenga que ocurrir para que se produzca el hecho esperado.
En una psicoterapia se va produciendo un conocimiento creciente de uno mismo, de modo que ese saber es el que nos permite instalarnos en un lugar de mayor paciencia al darnos cuenta de cómo funcionamos.
Es el mejor ansiolítico, pues no tiene efectos secundarios ni adversos. Se trata simple, pero trabajosamente de ampliar nuestra comprensión sobre nosotros mismos, de modo que la mayor fortaleza se basa en un sentimiento de autoafirmación creciente y consecuentemente una mayor autoestima.
No estaremos tan pre-ocupados por controlar lo que no está en nuestras manos controlar, y por tal motivo ansiosos, sino que nos ocuparemos, (sin pre), por observar el curso de los acontecimientos serenamente.
Estamos diciendo que la Paciencia es un fenómeno que se genera internamente, como consecuencia de desarrollar nuestra capacidad perceptiva, es decir, ampliar nuestra visión.
El beneficio consecuente será de poder profundizar en la comprensión del hecho que nos inquieta, disminuyendo así los niveles de ansiedad.
Podemos concluir que si la Paciencia es Fortaleza, su opuesto, la Impaciencia, será Debilidad y  podemos ver que se manifiesta en los estados de ansiedad.


viernes, 15 de septiembre de 2017

44

Publicaciones Semanales Breves 44     -     14 09 2017
La Confianza, el Control y la Ansiedad

Días pasados presencié una escena que me resultó interesante por la reflexión que me generó.
En una confitería se encontraban sentados a una mesa dos personas, un muchacho joven y una chica, también joven; ambos, como corresponde en estos tiempos, con su teléfono celular sobre la mesa.
Se los veía que estaban conversando agradablemente.
En un momento suena uno de los dos teléfonos, el de ella en este caso, quien atiende la llamada y mantiene una breve conversación.
Ni bien termina la conversación telefónica, él le pregunta: ¿Quien te llamó?, en un tono no muy amigable, que mostraba cierta molestia; ¿celos?, ¿falta de confianza?,¿ qué habrá pasado por su imaginario?
Ella le contesta, pero el clima de la conversación, visto desde la distancia en la que yo estaba, se veía que había cambiado, ya no fue el mismo.
Recordé que cuando con mi amigo Claudio, con quien trabajo frecuentemente en la problemática de la aerofobia; (personas con temor a volar en avión), asistimos a personas que se inquietan y sufren estados de ansiedad, muchas veces muy intensos, pues desde la butaca en la que se encuentran sentadas en el avión, pretenden controlar lo que ocurrirá en el vuelo, en el momento del despegue, en el crucero, en los momentos de turbulencia, frente a las condiciones climáticas, en relación a los ruidos, al aterrizaje, etc.
Desde la butaca no es posible controlar nada. Todo lo concerniente al vuelo es controlado desde la cabina del avión, en combinación con la información que los pilotos reciben de tierra, de los satélites, desde los otros aviones, etc. y son ellos los únicos que ejercen el control del avión.   
Si la persona no logra depositar cierta confianza mínima en todo lo que constituye el sistema de aeronavegación comercial, se pondrá crecientemente ansiosa por la ilusoria pretensión de controlar lo que desde la butaca no se puede controlar.
Si en cambio experimentan confianza, podrán relajarse y disfrutar del viaje, pero si no logran depositar esa dosis mínima de confianza la pasarán mal, pues la necesidad de sentirse en control de la situación desde una posición en la que es imposible controlar, les llevará inevitablemente a que se incrementen los niveles de ansiedad.
Y la ansiedad es la primera manifestación con la que se pone de  manifiesto este malestar.
Y es importante saber que cuando se incrementa nuestro estado de ansiedad, luego, en algún momento hace su aparición la angustia, que es un grado mayor de malestar y más delicado para la salud, pues la angustia conlleva un compromiso corporal.
Esto significa que la angustia ya afecta la salud, pues hace impacto en algún órgano o en alguna zona de nuestro cuerpo que es en la que tenemos instalados nuestros "fusibles".
Quiero manifestar la gran importancia de estar atentos a estas manifestaciones emocionales que comprometen nuestra salud, cada vez que nos encontramos en alguna situación en la que experimentamos una pérdida de nuestra capacidad de control sobre las variables que afectan nuestra percepción.
Lo que intento decir es que existe una relación directa entre nuestra confianza y nuestra necesidad de experimentar que estamos en control.
Si no podemos confiar, necesitaremos sentir que estamos mucho más en control que si estuviéramos pudiendo confiar.
Si el muchacho de la confitería sintiera mayor confianza en su pareja, no le importaría quien la llamó; ya ella se lo dirá, si es importante compartirlo o si no le participa, quizás sea porque no se trataba de algo que mereciera ser compartido en ese momento; ya ella le contaría.
Si la persona viajera sintiera confianza en los múltiples controles del sistema de aeronavegación, podría relajarse y conectarse con el placer de viajar en avión, pues no estaría en estado de ansiedad por la pretensión de controlar lo que desde la butaca es incontrolable.
Se trata entonces de mirarnos en el espejo de mirar hacia adentro y explorar que nos lleva a no poder confiar un poco más.
Está bueno que cuando atravesamos momentos como éstos, podamos preguntarnos a nosotros mismos sobre qué necesitamos hacer u obtener que nos permita incrementar nuestra confianza frente a lo que nos inquieta.

Las preguntas son lo mejor que podemos hacernos para abrirnos a la reflexión en esta búsqueda de respuestas útiles y saludables para poder relajarnos y hacer que desciendan los niveles de ansiedad y cuidar así nuestra salud



viernes, 25 de agosto de 2017

43

Publicaciones Semanales Breves 43     -     24 08 2017
Los beneficios de la RECONTEXTUALIZACIÓN

Hace unos años atrás, uno de mis hijos iniciaba 4º año del bachillerato.
Conversando con él, le pregunté sobre las materias nuevas que tendría en ese año y me comenta que una de ellas era Literatura.
Le comento que era una asignatura para aprovecharla y disfrutarla, pues iba a hacer lecturas de temas que son buenos para leer en esa edad, pues luego, con al avance de los estudios, suele pasar que nos enfrascamos en lecturas específicas de la carrera y puede que no nos podamos hacer el tiempo para leer literatura.
Me dice entonces que sí, que eso está bien, pero que la profesora era una H. de P.
¿Por qué? le pregunto, qué pasó.
Dijo al comienzo de la clase que íbamos a poder leer lo que quisiéramos y al rato, saca una hoja de su cartera, la muestra con una lista de unos veinte libros y dice que íbamos a poder leer lo que quisiéramos de esa lista.
A los chicos esa aclaración les cayó muy mal y a mi hijo lo llevó a quejarse y discutir con la profesora, de tal manera que ya desde ese primer momento, el vínculo de él con ella quedó medio "machucado".
No siempre uno está muy lúcido, en todo caso hablo por mí, pero ese día y en ese momento se ve que tuve como un buen chispazo que me iluminó y le dije: "Que suerte que tenés de tener una profesora H. de P".
Obviamente que se enojó conmigo, me increpó, que cómo le decía eso, que si lo estaba "gastando", etc.
Se me ocurrió decirle que era una buena oportunidad como para hacer un aprendizaje, en una condición de bajo riesgo, sobre cómo manejarse con una persona que tiene autoridad, o mayor poder que uno y que es un/a H. de P., pues a lo largo de la vida tendrá que toparse con más profesoras y profesores H. de P., en lo que le quedaba de la escuela, luego sería en la facultad y también en el mundo del trabajo, donde podría encontrarse con jefes, jefas, compañeros y compañeras H. de P. y varias personas en cualquier ámbito, pues no hay vacunas para eso.
Y que tuviera en cuenta que a ningún alumno nunca lo han echado por ser muy buen alumno, por lo que eso sería lo mejor que podría hacer para remontar el machucón inicial del vínculo.
Y que cuando hubiera logrado un lugar de reconocimiento por su saber y su compromiso, todo sería mucho más fácil y podría disfrutar del aprendizaje realizado; me refiero no solo a Literatura.
Me escuchó pero no le cayó demasiado bien mi razonamiento.
A lo largo del año fui siguiendo de cerca el curso de los acontecimientos y cuando ante alguna anécdota yo le preguntaba qué había aprendido, su respuesta habitual era que nada había aprendido.
Entonces yo le preguntaba si cuando le dijo tal cosa y ella le respondió tal otra, etc. etc. no había aprendido tal cosa...?
A veces lo negaba y otras me miraba no con muy buena cara y así fue transcurriendo el ciclo lectivo.
Lo cierto es que a lo largo del año fue aprendiendo no solo literatura, ya que aprobó sin tener que dar examen final, sino que fue pasando del extremo de la queja, la inacción a la pro actividad, pudiendo tomar un creciente protagonismo en su rol de alumno, quizás cuestionador, pero comprometido y responsable.
Qué es lo que ocurrió que yo valoro?, que dejó de quejarse a partir de encontrar un camino posible y beneficioso para él, que le permitió, desde la posición pasiva y quejosa por sentir que él no podía hacer nada más que acomodarse con bronca a una situación de dependencia y desplazarse hacia una posición en la cual pudo desplegar una acción correctiva y de importante aprendizaje.
Finalmente cuando terminó la cursada del año, tuvimos una muy buena charla en la que pudo revisar y hacer un aprendizaje de una forma de afrontar y resolver una situación, que no solo lo molestaba, sino que atentaba contra su propio crecimiento y desarrollo personal.
Llamo RECONTEXTUALIZAR la situación al animarnos a cambiar la perspectiva desde la que estamos percibiendo una determinada situación, hacia otra perspectiva que nos permita encontrar el beneficio posible de transitar esa experiencia, que a primera vista nos resulta desagradable u odiosa.
Así que cuando nos encontremos con alguna dificultad les recomiendo que accionen el "magiclick", para que la chispa nos ayude a iluminar el campo y poder encontrar alguno de los beneficios que habitualmente no están muy a la vista, pero que si logramos correr el velo, aparecerán.



viernes, 18 de agosto de 2017

42

Publicaciones Semanales Breves 42     -     17 08 2017
Nuestros "patrones" de conducta y otras yerbas


En la publicación anterior nos hemos referido a nuestros patrones de conducta.
Hoy me gustaría ilustrar con un ejemplo, un poco inventado pero tomado de la realidad, que nos facilite la comprensión de este proceso mediante el cual, hemos ido creando patrones de conducta, o matrices que han sido modeladoras de nuestro modo de estar en el mundo.
Imaginemos una criatura pequeña, que en determinado momento se resfría, o contrae una  gripe, o desarrolla una angina; levanta algo de temperatura, entonces la madre no va a su trabajo, pues se queda a cuidar y acompañar a su hijo.
El pequeño no tiene la madurez como para pensar y relacionar un hecho con el otro: "me enfermé y mamita se quedó conmigo", pero sí tiene la capacidad de percibir que, lo que él más quiere, que es estar al lado de su madre, ocurre.
A los diez o quince días repite el cuadro febril, que se lo definirá como una recaída.
Si el pediatra no fuera muy lúcido podría ocurrir que recete una batería de antibióticos como para eliminar bacterias del tamaño de elefantes.
Afortunadamente eso no es lo que ocurre más frecuentemente.
Si el pediatra en cambio tiene una visión amplia que va más allá de lo estrictamente médico y puede percibir que ya existen mecanismos muy rudimentarios, pero efectivos, que llevan a establecer alguna conexión entre una situación (la fiebre) y la otra (mamá se queda conmigo), indicará otras medidas de atención y cuidado, orientadas a crear condiciones adecuadas para ayudar al bebe.
En realidad, ¿qué es lo que ocurre?
El mecanismo empleado por el niño es eficaz, pues logra lo que desea: que su madre se quede con él y decimos que es eficaz, pues logra su cometido.
Lo que el bebé no percibe es que el costo de aplicar este mecanismo es el más alto, pues lo paga en la moneda salud.
Pero por ser eficaz, intentará aplicarlo más de una vez y si ni los padres ni el pediatra logran comprender lo que está ocurriendo subterráneamente, el niño continuará intentando resolver sus estados de ansiedad y angustia de este modo.
Es muy probable que si el entorno familiar lo favorece, este mecanismo con el tiempo, vaya consagrando un modo de respuesta ante las situaciones en las que esta personita se sienta débil, inseguro, vulnerable... y termine conformando una "matriz de conducta" que se activa, por decirlo de un modo simple, automáticamente.
Se irán repitiendo entonces los episodios en los que se afecta su salud, pues es la forma de llamar  y conseguir la atención; en esta primera etapa de la vida, atención de la mamá y luego, de este modo llamará la atención de otras personas de su entorno próximo.
Si con el correr del tiempo no se desarrolla una percepción y comprensión de lo nocivo de este dinamismo interno, es muy probable que esta persona desarrolle un estilo predominantemente dependiente, donde para él será muy natural instalarse en un rol demandante, y si no media una acción esclarecedora, más adelante puede cristalizarse en este modo de estar en el mundo, dependiente y demandante.
La etiología de algunos cuadros asmáticos suele estar íntimamente vinculada a este fenómeno. Resulta muy claro cuando podemos observar las circunstancias en las que se manifiesta la sintomatología de la falta de aire, la sensación de ahogo, donde habitualmente encontraremos que se hace patente la sensación de inseguridad y necesidad de apoyo.
¿Qué es lo importante?

·         Tener muy en claro que estamos hablando de matrices de conducta que no han sido heredadas genéticamente, sino que han sido construidas por uno mismo ante vivencias que nos llevaron a sufrir.
·         Que si nosotros mismos las hemos construido en un momento de nuestra vida, ahora ante la evidencia de su disfunción las podemos modificar o reemplazar por nuevas matrices que hoy podemos construir.
·         Que esta tarea es difícil si la quisiéramos hacer en solitario, por lo que será importante estar atentos para encontrar un buen acompañamiento terapéutico.

sábado, 12 de agosto de 2017

41

Publicaciones Semanales Breves 41     -     11 08 2017
El enojo, la frustración y sus consecuencias  (Segunda Continuación)

En la publicación anterior, la número 40, hemos intentado una mirada a esa área de nuestro ser que nombramos como el Inconsciente.
Entre otras cosas, dijimos que todo lo que hemos vivido está registrado en nuestro Inconsciente y que es el lugar en el que se albergan todas nuestras memorias con su correspondiente huella emocional, pero es mucho más que eso.
Para simplificar la explicación dijimos que es como si fuera nuestro "Windows"; ahí es donde está registrado el modo singular en el que fuimos configurando todas nuestras experiencias de vida.
Si nos remontamos en el tiempo y vamos al momento y las circunstancias en que tiene su origen este concepto, aparece la genial figura de Freud y observamos que cuando desarrolla su teoría ante sus colegas, éstos casi lo tiran por la ventana, pues por no comprender tan complejo concepto, les resultaba más fácil creer que Freud se había vuelto loco.
Este es un relato simplificado de lo que en realidad ocurrió.
Dada la complejidad implícita en tal concepto, respetuosamente y tomando valiosos elementos de otros aportes teóricos como por ejemplo el Psicodrama, podemos intentar una aproximación que nos facilite el acceso al conocimiento y reconocimiento de esta estructura clave de nuestro psiquismo, procurando reconocer en nosotros mismos manifestaciones que dan cuenta de su existencia.
Invito a pensarnos y observarnos como portadores de una serie de Personajes Internos Imaginarios que ante diferentes situaciones hacen su aparición algunos de ellos, mientras que otros permanecen en un segundo plano, o distraídos o mirando para otro lado.
Seguramente nos resultará fácil reconocer a alguno de estos personajes.
En un proceso terapéutico, resulta muy útil y facilitador para la tarea de reparación interior, ir descubriendo y reconociendo cómo está facilitado en cada uno de nosotros el mayor protagonismo de unos personajes sobre los otros y como resultado de esta dinámica interna, resulta que funcionamos de tal o cual manera.
A modo de ejemplo, intentemos nominar a algunos de estos personajes para acercarnos a una mejor comprensión de nuestro singular funcionamiento:
El Juez Crítico, que es autocrítico y ejerce una influencia predominante, esto se manifestará en un singular modo de actuar.
Consideremos entonces la influencia que podrán tener otros personajes asociados:
El Huidizo que huye por sentir que no debe o no puede enfrentar la situación planteada;
El Temeroso que desarrolla pensamientos catastróficos que lo llevan a tener una mirada marcada por la inseguridad;
El Inseguro que siente que no puede hacer nada, pues siente que no sabe lo suficiente como para tomar una acción asertiva;
El Pasivo que ante las dificultades, por sentir que no podrá con ellas, casi sin darse cuenta decide no hacer nada y dejar que otros tomen iniciativas por él;
El Dependiente que por no poder asumir cierta cuota mínima de riesgo al tomar decisiones, deja que otros decidan por él, aún cuando lo que se decida vaya en contra de sus deseos;
Algunas de estas combinaciones nos permiten comprender mejor por qué hay personas que van perdiendo protagonismo en sus vidas, se recluyen en situaciones en las que han perdido la iniciativa y se van acomodando pasivamente en los lugares donde hoy los mandan y mañana los tiran.
Afortunadamente contamos con otros Personajes que son nuestros "socios" y que muchas veces no están disponibles, porque en nuestra singular configuración quedaron mirando para otro lado y no contamos con ellos si no los convocamos.
En este punto digamos que cobra gran importancia instalarse en un buen proceso terapéutico para despabilarlos y lograr que estén disponibles para neutralizar la acción de los no amigables que mencionamos más arriba.
Nuevamente, a modo de ejemplo mencionemos:
El Curioso, que se preguntará sobre los posibles por qué y para qué, mejorando la comprensión de las causas y los destinos de las diferentes acciones;
El Perceptivo, que nos permite tener una comprensión más amplia y profunda sobre la situación en la que nos encontramos;
El Lúcido, que a partir de percibir mejor, puede revisar patrones de conducta hoy ineficaces y crear nuevos patrones más funcionales;
El Creativo, que ante las dificultades se pregunta ¿qué podemos hacer y cómo hacerlo?
El Proactivo, que en oposición al pasivo, siempre estará dispuesto a intentar y ensayar nuevas alternativas;
El Asesor, que estará muy bien dispuesto a colocarse a una distancia de observación que le permitirá desde una visión en perspectiva, aportar nuevas sugerencias de acción.
Esta lista es simplemente enunciativa para ejemplificar la dinámica interna que se produce en nuestro inconsciente.
No es para nada limitativa y tal como hemos dicho en otras oportunidades, debemos adicionarle un gran etcétera, una vez más, con todas las letras.
¿Para qué nos puede ser útil contar con este esquema conceptual?
Un objetivo terapéutico de fundamental importancia es lograr que se establezcan diálogos inteligentes entre estos diferentes personajes, para lo cual hay una tarea previa de identificación de cada uno de ellos y luego se trata de ayudar en la creación de los diálogos favorecedores del descubrimiento y creación de nuevos caminos hacia la salud, al bienestar, a la recuperación del humor y lograr un mayor protagonismo en la vida.



viernes, 4 de agosto de 2017

40

Publicaciones Semanales Breves 40     -     03 08 2017
El enojo, la frustración y sus consecuencias  (Continuación)

En la publicación anterior hemos hablado de diferentes formas de manifestarse el enojo.
Las personas somos iguales unas a otras si nos miramos desde una perspectiva global, somos iguales entre sí y diferentes de otros miembros de la especie animal.
Pero si nos observamos desde una perspectiva individual, en seguida aparecen aspectos que nos diferencian.
Esas diferencias son constitutivas de cada ser; cada uno de nosotros somos únicos y esta singularidad está dada por factores excepcionales e irrepetibles, que tienen origen en los deseos de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, y podríamos seguir...; es decir, en nuestro árbol genealógico, ¿qué misión* se espera que vengamos a cumplir?.
Puede parecer sutil, pero hay abundante bibliografía que da cuenta de la importancia que tiene este fenómeno en la constitución de nuestro ser.
A lo dicho, debemos agregar:
- Nuestra constitución genética,  
- Cómo ha sido nuestra vida intrauterina,
- Las condiciones que enmarcaron el proceso del parto,
- Cómo hemos transitado la primera etapa de nuestra vida,
- Cómo han sido nuestros padres con nosotros,
- Si hemos tenido la suerte de experimentar la ternura, que es el componente más importante del amor,
- Como se ha ido configurando la dinámica en la relación entre los miembros de nuestra familia de origen,
- Qué lugar ocupamos en la línea fraterna; hijo único, primer hijo o hermano mayor, el más pequeño o hermano menor, el del medio, etc.
- Si fuimos el hijo preferido de Papá o de Mamá...
- Si fuimos deseados por ambos progenitores,
- Si fuimos deseados sólo por uno de ellos,
- Si fuimos el resultado de un accidente en la vida sexual de nuestros padres,
- Y una gran etcétera, con todas las letras.
Todo lo que ha sido mencionado está registrado en nuestro Inconsciente.
¿Y qué es nuestro Inconsciente?
Podemos decir que es el lugar en el que se albergan todas nuestras memorias con su correspondiente huella emocional, pero es mucho más que eso.
Forzando las cosas y otorgándome una licencia cibernética, que no me gusta, pero que puede ayudar a una mejor comprensión de la misión de esta estructura de nuestro psiquismo, me aventuro a decir que es como si fuera una especie de nuestro "Windows"; ahí es donde está registrado el modo singular en el que fuimos configurando todas nuestras experiencias de vida.
De cómo hayan quedado registradas cada una de dichas experiencias y de cómo las hayamos vivido, dependerá el funcionamiento de nuestros resortes internos, de cómo nos llevan a accionar y reaccionar del modo singular en que lo hacemos.
Cuando observamos desde esta perspectiva cómo respondemos al enojo por ejemplo, si lo hacemos de acuerdo a la curva 1 (artículo anterior) o a la curva 2, podremos comprender algo más acerca de los patrones de conducta que fuimos consagrando a lo largo de la vida, especialmente, en los primeros años de nuestra vida.
¿Y cómo funciona una psicoterapia entonces si alguien desea pasar del modo curva 1 al curva 2?, tal como lo planteó una lectora de estas publicaciones.
Si partimos de la base de que tales patrones no los hemos heredado genéticamente, sino que los hemos ido construyendo nosotros mismos, pues en la búsqueda de satisfacer nuestros deseos más infantiles, por ensayo y error, hemos probado diversas formas de accionar y reaccionar y fuimos consagrando ciertos moldes de conducta, que al ver que fueron efectivos, ya que nos permitían lograr lo que deseábamos, los fuimos aplicando y perfeccionando.
Entonces, volviendo a la pregunta anterior, ¿cómo funciona una psicoterapia entonces?.
Si partimos de la base de que nosotros mismos ayer hemos creado tales patrones, podemos decir que hoy, nosotros mismos los podemos modificar, los podemos transformar, los podemos recrear, en la medida en que nos vamos dando cuenta de que los anteriores han perdido efectividad, pues ya no nos resultan útiles, aún cuando lo hayan sido en tiempos pretéritos de nuestra vida, pero hoy estamos diferentes, producto del paso del tiempo.
El paso del tiempo va tallando nuestro aparato psíquico y nuestra emocionalidad, del mismo modo que va transformando cada célula que nos constituye y vamos necesitando recrearnos para poder continuar una vida camino a un creciente bienestar.
Entonces, sólo como ejemplo, si nos encontramos deseando poder pasar del modo curva 1 al modo curva 2, (tratado en nuestra publicación anterior), es que nos estamos invitando a realizar un trabajo sobre nosotros mismos para lograr ese cambio saludable.
En la próxima publicación continuaremos el tratamiento de este tema.
Hasta la próxima entonces.

*La misión es la razón de ser.